CARTOGRAFÍA EMOCIONAL
CICATRICES TATUADAS
El cuerpo cuando deja de obedecer
Este proyecto nace de la experiencia directa de la enfermedad, pero no se sitúa en el relato clínico. Se construye desde el cuerpo vivido y desde la mirada de quien acompaña.
Durante tres años, el proceso de la colitis ulcerosa transforma el cuerpo en territorio intervenido: sondas, bolsas, medicación, espera. El hospital se convierte en un espacio de tránsito donde el tiempo se diluye y la intimidad desaparece. Sin embargo, lejos de una narrativa de queja, lo que emerge es la entereza.
La cámara no busca explicar la enfermedad, sino habitarla. El cuerpo aparece fragmentado, expuesto, atravesado por dispositivos médicos y por el propio tiempo. A su vez, el gesto cotidiano —ducharse, afeitarse— se convierte en un acto de resistencia mínima, casi ritual.
El proyecto incorpora materiales como la gasa, el bordado y la degradación de la imagen mediante materia orgánica. Estos elementos no funcionan como recursos estéticos, sino como extensiones del propio cuerpo: la gasa como herida y protección, el bordado como intento de reparación y la descomposición como inscripción del tiempo.
Desde la mirada de quien acompaña, se construye un relato silencioso sobre la dignidad. La ausencia de queja, la aceptación progresiva y la capacidad de sostener el proceso configuran una forma de resistencia que no se verbaliza, pero se percibe.
El acompañamiento médico, especialmente en el entorno hospitalario del Hospital Universitario Vall d’Hebron, aparece de manera implícita como una presencia humana constante, incluso en condiciones precarias. La experiencia no niega la dificultad, pero reconoce el valor del cuidado.
CICATRICES TATUADAS no documenta una enfermedad.
Construye una memoria corporal donde lo visible y lo invisible permanecen inscritos.






